El misterio del ciclo

El último post que escribí hace ya unas semanas hacía referencia a la Luna, el satélite que mejor representa la idea del CICLO.

La idea del ciclo siempre me ha resultado algo inquietante.  El ciclo encierra en su interior un gran misterio: Aúna el cambio y la repetición. El ciclo anuncia la perpetuidad de un ritmo, un movimiento. El ciclo representa la idea de unos cambios sucedidos en un tiempo acotado que tienden a repetirse.

El ciclo parece algo natural, al ciclo lo reconocemos en la naturaleza. Hablamos del ciclo de la vida, del ciclo de las estaciones, del ciclo lunar y del solar, del ciclo de las mareas y por supuesto, de algo tan propio de las mujeres, como el ciclo menstrual.

Lo cierto es que el ciclo nos ayuda a ser conscientes del paso del tiempo. La idea del ciclo nos ayuda a compartimentarlo:  nos permite descubrir etapas y diferenciar entre el tiempo transcurrido, el tiempo presente y el tiempo que queda por recorrer. Desde el más corto hasta el más eterno, el ciclo parece creado para poner ritmo, cadencia, orden y concierto a algo tan caótico como es la vida.

Repeticiones que parecen tener un principio y un fin, un sentido, alteraciones cíclicas que nos capturan y nos liberan.  Ciclos de actividad, ciclos de inactividad. Ciclos de salud, ciclos de enfermedad. Ciclos de amor, ciclos de desamor. Ciclos de trabajo, ciclos de descanso. Alternancia. Etapas.

¿Acaso la alternancia nos tranquiliza asegurándonos la continuidad?

Posiblemente sí. En los momentos difíciles no suele faltar una voz que diga: “Todo pasa” o “El tiempo todo lo cura”, haciendo referencia  nuevamente al ciclo.

No sé si la idea del ciclo es una vana ilusión, una mera forma de dar sentido a nuestro camino. Lo que sí parece asegurarnos es algo tan importante como la regeneración. El ciclo nos habla de un futuro, en el que algo empezará, se transformará y acabará, para volver a empezar dándonos una nueva oportunidad.

Eso sí, tengamos presentes las palabras del poeta:

“Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

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