¿Ser “hijo de donante” puede convertirte en miembro de un nuevo colectivo social?

La pasada semana La Contra puso de actualidad el tema de la natalidad. Ahora las declaraciones del psiquiatra-forense José Cabrera en el programa Espejo Público de Antena 3 Televisión han abierto una encendida polémica en torno a las mujeres que deciden ser madres en solitario utilizando técnicas de reproducción asistida (inseminación o fecundación in vitro) para conseguirlo.


Al parecer la tesis del doctor es la siguiente: Los niños in vitro tienen mayor vulnerabilidad a padecer una depresión permanente o al menos una tristeza generalizada por el modo de haber sido concebidos, ausente el acto de amor que sería propio. El psiquiatra avala su tesis con estudios sobre salud mental realizados en EEUU, con las demandas que interponen algunos hijos contra sus madres por este hecho al alcanzar la mayoría de edad en ese mismo país y por su propia experiencia clínica con esos hijos en su consulta.

El tema abierto me parece muy amplio y abarca un montón de cuestiones relacionadas. Sólo escucharlo se me agolparon preguntas:

*¿El tema es que estos niños no tienen derecho a conocer a la mitad de su familia de origen por provenir de “un donante” y eso puede acarrearles secuelas psicológicas?

*¿El tema es que  las mujeres están decidiendo tener hijos en solitario ayudándose de la técnica  y eso se empieza a contemplar como un peligro social?

* ¿El tema es que estamos “fabricando” niños para mujeres y para parejas pero no para hombres?


En este primer  post dedicado al tema y al hilo de las declaraciones del Dr. Cabrera, me gustaría comentar sólo lo que ocurre con los niños. Mañana comentaré acerca del resto de implicados.

¿Qué pasa con los niños?

Está claro que ellos son los únicos que no pueden escoger en esta historia. Pero como tampoco puede escoger ningún hijo “natural”.

Antes veníamos al mundo (sin nuestro consentimiento) porque dos personas habían realizado un acto sexual (sin importar la conveniencia o en muchos casos la voluntad de los implicados) pero…

¿Y ahora?

Ahora también sólo que la diferencia reside en que hemos añadido una posibilidad más,  se puede venir al mundo porque alguien ha solicitado que te “conciban” en un laboratorio y porque se ha efectuado una compraventa de material genético entre adultos (espermatozoides u óvulos).

Sí, compraventa, porque si bien la Ley de Reproducción Asistida impide el lucro, sí permite que las clínicas entreguen una “compensación ecónomica” (por las molestias), sobre los  50,-euros por cada donación para los hombres y entre  600 y 900,-euros para las mujeres. Y eso está haciendo que algunas personas en precaria situación económica acudan a efectuar las donaciones, que -de no estar “compensadas”- no harían.

Eso sí marca una diferencia. Antes los niños se preguntaban unos a otros por quién eran sus padres. Ahora quizá ya empiezan a preguntarse, ¿tienes padre o eres “hijo de donante”?

Ser “hijo de donante”, se está convirtiendo –casi sin que la sociedad se haya percatado- en una nueva condición o un nuevo colectivo social identificado.


Tradicionalmente los niños se clasificaban entre ellos: los que tenían padres, los que sólo tenían alguno de los dos padres porque el otro había fallecido, los que habían sido abandonados por uno de sus progenitores o por los dos (abandono o muerte), y los que tenían nuevos padres por haber sido adoptados.

Y eso ocupaba algunas conversaciones de patio de colegio y configuraba todo un universo de significados personales, familiares y sociales.

Y ahora, retomando las declaraciones del Dr. Cabrera me pregunto…

¿Qué pasa con los sentimientos y con la historia de estos niños?

Los hijos suelen preguntar los motivos por los que fueron concebidos. Es posible que, en situaciones no tradicionales, el hijo sienta aún más la necesidad de saber las razones por las que alguien decidió “encargarlo” a un laboratorio y por qué con ése gesto, ése alguien le negó la posibilidad de acceder a la información personal y familiar de uno de sus “progenitores genéticos” de por vida.


Ése niño no conocerá a su “padre y/o a su madre genéticos”, ni a sus “familias de origen genéticas” (tíos, hermanastros, abuelos)  ni tendrá posibilidad de hacerlo nunca. Le hemos quitado ese derecho (que sí tiene un hijo adoptado). Y lo hacemos porque alguno de sus progenitores naturales o ambos fueron donantes. Y desde  el  instante de esa firma (que a veces da un chico de 18 años),  su origen queda blindado para siempre bajo secreto legal.

¿Este hijo puede llegar a sentirse utilizado?

¿Puede llegar a sentirse como un ser al que fabricaron para satisfacción de algún adulto?

¿Puede llegar a sentirse un ser al que le han despojado de parte de su “historia” familiar o genética?

Quizá en algún caso, la sensación de desarraigo, de desconocimiento de sus orígenes, afecte a su sentido y significado de vida. Quizá su propio origen pueda hacer que experimenten sentimientos y sensaciones relacionadas con vacío, tristeza o rabia. Y también es posible que eso no ocurra.

Lo que sí parece probable, como está sucediendo en EEUU, es que en unos años los psicólogos españoles atendamos a algunos de estos niños en nuestras consultas.

¿Y el derecho a la información de estos niños? ¿Y su propia seguridad genética al tener sus propios hijos? Un donante de espermatozoides puede acudir a bastantes centros a efectuar sus donaciones y según la Ley Española, ser padre de hasta 6 hijos. Por supuesto, estos hijos jamás conocerán a sus 5 hermanastros restantes… o quizá sí. Quizá 2 hermanastros lleguen a ser pareja y procrear… Incrementando las anomalías genéticas.

Sorprende muchísimo el hecho de que en España todavía no se haya constituído un Registro Nacional de Donantes (sólo existe uno en Catalunya). Actualmente es imposible velar por el cumplimiento de la Ley, porque no se controla la cantidad de donaciones que hace un hombre repartidas en distintos centros.

No creo que a priori nada esté bien o mal. Pero sí insto desde aquí a prestar atención a la nueva realidad social que vamos creando. Los derechos de los padres (a solicitar donante, a inseminarse, etc.) están claros, escuchados y posibilitados. Los de estos niños… lo dudo. Los que ya existen son demasiado pequeños para hablar… salvo en EEUU donde algunos ya se están posicionando  quejándose y presentando denuncias (volvemos a las declaraciones del Dr. Cabrera).

En la mano de la sociedad y de los padres en particular está el asegurarnos de que estos niños, futuros adultos,  dispongan de plenos  derechos y de la asistencia necesaria. ¿Qué tal si escuchamos abiertamente, sin prejuicios ni miedos a estos jóvenes norteamericanos? Ellos son quizá los más indicados para ayudarnos a regular esta nueva situación. Ahora tenemos la oportunidad de conocer  su experiencia personal.

En el caso de los niños adoptados se efectuaron varios cambios legislativos hasta asegurar sus derechos como personas, el tiempo hará que se revisen también el caso de los “hijos de donantes”.

El tema puede abrir gran debate. Nada me gustaría más que contar con tu opinión.

Seguiré aportando nuevos enfoques en el próximo post y comentando sobre el resto de protagonistas de esta historia.

Referencias:

Donación de semen

Donación de óvulos

LEY 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida (BOE 27 de mayo de 2006)

Creación de un registro de donantes


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4 respuestas a ¿Ser “hijo de donante” puede convertirte en miembro de un nuevo colectivo social?

  1. mabelele dijo:

    Me apasiona el tema.
    Es bastante dificil. Aquí ya comenzamos a conocer mujeres que se inseminan, en solitario, y con sus parejas (aunque en pareja ellos son más reticentes al principio, pero suelen aceptar sin no pueden tenr hijos biológicos).
    El tema está demasiado cercano. No tenemos perspectiva, ni sabemos, ni podemos imaginar.
    Desde luego sí puede producir inquietud en los chavales en su adolescencia. No tengo duda. Es una fantasía de caballo para un adolescente.
    ¿como le puede afectar? dependerá también del tratamiento de este hecho con su familia, de su aceptación…no sé. Pero desde luego, vamos a tener que regular esto, antes que después.
    El problema va a ser que los niños querrán saber. Dificil el tema, si.

  2. Alex dijo:

    Yo he sido donante. Tengo 27 años y lo fui con 23. Efectivamente, mi aliciente fue el económico. Era estudiante y los 50 euros por donación me solucionaban la semana. Con el tiempo, he reflexionado más sobre el tema y, aunque no tengo ningún tipo de arrepentimiento fruto de un posible sentimiento por mis bichitos donados, lo cierto es que sí me preocupa a nivel abstracto la frustración con la que esos niños tengan que lidiar, por su imposibilidad de conocer a uno de sus progenitores.

  3. Ofelia22 dijo:

    Yo solo diría que los hijos de donante vienen por la misma razón que el hijo de cualquier pareja: por un sentimiento de amor. No compartido con un hombre en este caso, pero estoy segura de que ninguna madre soltera por inseminación lo es por capricho ni considera a su hijo un objeto. Me parece que el hecho de que vengan al mundo por otra vía no los convierte en objetos. ¿Por qué tienen hijos las parejas? Porque quieren formar una familia. ¿Eso los convierte en egoístas? No. Todo el mundo los felicita. Ahora si es una mujer sola, que, además, sabe que va a tener problemas de todo tipo añadidos, entonces, es un acto de egoísmo. Me parece que si simplemente, hubiera un poquito más de respeto y cada cual viviese su vida y dejase a los otros vivir la suya, nos ahorraríamos muchos problemas.
    También los hijos de parejas tienen problemas psicológicos y dudas, y miedos y crisis de identidad. Cada persona es única.

  4. María dijo:

    No estoy de acuerdo en que el sentimiento clave sea el amor cuando hablamos de esta manera de concebir hijos. En algunos casos, puede ser y es así. En otros casos, lo que hay es otro sentimiento distinto: la obsesión por la maternidad en abstracto, ya que, realmente, no eres madre hasta que no ejerces como tal. Y es curioso, porque no siempre estas mujeres obsesionadas con el tema son luego las mejores madres, entendiendo como tales las que sean más capaces de ayudar a forjar estructuras sólidas en la personalidad de sus hijos. Habrá hijos de donante/s a los que no les suponga una carga su origen biológico. Pero, también habrá muchos para los que este origen sea fruto de inseguridades. No puedo culparlos, ni restarle importancia al hecho…, la verdad es que no les falta razón.

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